miércoles, 13 de febrero de 2013

La sierra como alternativa para escaparse

Estoy aburrido de la rutina, demando vacaciones en este mismo instante. Rara vez me he escapado de la ciudad como Satanás aconseja, y si tomamos en cuenta los lo que llevo estudiando en la Universidad, con vacaciones de mesero o vendedor de retail, no he descansado desde el colegio. Al iniciar la carrera ya tenía en la mente la idea de un viaje. Mis amigos se habían pegado su viaje al sur viajando con sus viejos, o al extranjero los que tenían más plata. En esos instantes, yo juntaba las chauchas para pagarme la carrera. Si tenía varios días libre, me escapaba al campo, pero evadirse un par de noches no tienen gran efecto en un cuerpo cansado. Ahora tenía recursos para salir. Hace poco que comparto un departamento con mi novia, y ella también quería tomarse harto tiempo y no saber nada del trabajo ni ciudad. Los dos queríamos desconectarnos, no importaba el destino. Decidimos juntar un año cien mil pesos cada uno, en un una cuenta común, y cotizar ofertas de viajes Pensamos en salir del país, que muchas veces es más barato que vacacionar aca Nunca nos ha tincado mucho ir al caribe ni a ningun tipo de lugar todo incluido. Yo quería ir a cualquier lado donde hubiese cerveza y mucho qué comer. Como el dinero jugaba en contra, viajar a Nueva Zelandia y Australia estaba fuera de las posibilidades, ni menos el Coliseo Romano o la Esfinge. Aunque uno no lo crea, escapar de la ciudad es sencillo, no es necesario pasar días arriba de un avión para encontrar tranquilidad. Sin ruido ni el ajetreo de la ciudad, paisajes bucólicos, lo más rústico posible. {Me acordé que primo tenía una finca en el sur|Un tío me ofreció su casa cerca de la selva|Un amigo me convidó a su cabaña en el sur.El sector estaba rodeado por ríos y muchos árboles. Además, permitía pasear por la zona, por estar al centro de todo. Queríamos seguir al sur, la casa era ideal para ir, descansar un poco y partir de viaje. Todo quedó listo para fines de junio. El día del viaje manejamos por turnos, unas seis horas cada uno, hasta llegar a la casa. Movimos las persianas venecianas y nos sentamos a mirar el paisaje, el primer día de las vacaciones juntos. Este sitio es extraordinario, fue lo que dijo mi enamorada. Había harta plata invertida en la casa. Las persianas para las ventanas eran automáticas y motorizadas, detectaban la luz y podían programarse. Me puse a jugar como niño chico con el control remoto, haciendo subir y bajar el roller, y al final dejé activadas las persianas verticales para que recién mostraran la luz a las 12 del día. Igual dejé el control remoto a mano, por si dan ganas de seguir durmiendo

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