Juan Pablo es un chico que acostumbra dejar todo en lo que se dedica, algo poco común en una persona que instala seguridad para las casas. El rubro marcha de lo mejor, recitaba Osvaldo, el jefe, quien dictó que se quedara trabajando, hace varios lustros, como principiante. Nuestro héroe había egresado de la secundaria, y ansiaba ante todo estudiar la profesión de sus sueños. No pretendia hacer de la instalación de seguridad su trabajo de toda la existencia, pero igual odiaba lo que hacía, aunque el dinero no era demasiado. Rrecorriendo Guadalajara, Se halló frente a un cartel que promocionaba una oferta laboral. No necesitaban haber estado en el rubro ni siquiera conocimientos específicos, sólo disposición de aprender. Decidió tomar el riesgo, buscaba un trabajo sencillo, que no limitara su deseo de seguir estudiando. Despertó demasiado tarde la jornada que consignaba el cartel para llegar a la dirección consignada. Se llevó un desaire {cuando vio una larga cola de personas aguantando a que se abriera|al ver a la gran cantidad de hombres que esperaban bajo los toldos enrollables del negocio. Ni siquiera eran las 8 de la mañana, y recién llegaba alguien al territorio a las 10. En ese espacio de tiempo muchos desistieron en la espera, solo quedaron 4 solicitantes al final. El emprendimiento abrió a las 11. Era más bien sobrio. La recepcionista pidió que esperaran por una entrevista, y uno se retiró. Sólo tres aguantaron la espera. esperó como último en la lista, los demás postulantes entraron primero. Un joven no podía quedarse por motivos de vida o muerte, y el otro tenía hora al siquiatra. A pesar que tenía todas las obligaciones, se quedó para no pensar que había arruinado su valioso tiempo. Lleva un par de horas laborando en el mismo lugar. . Hace pocos días volvió a realizar un arreglo a la oficina donde trabajó ese día. "Las cortinas de madera son de maravilla", exclamó la recepcionista cuando lo vio entrar.
jueves, 28 de febrero de 2013
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