Esta es la historia de un joven comprometido con su trabajo, algo que es raro en un joven que labora de instalador de seguridad para viviendas. La seguridad es un rubro que va muy bien, decía Juan, el jefe, el que le suplicó a que laborara con él, hace unas décadas, como aprendiz. Recién había egresado de la escuela secundaria, y juntaba dinero para estudiar en la universidad. No quería pasar toda su vida instalando rejas, pero disfrutaba sus aventuras, aunque el dinero no fuera mucho. Rrecorriendo Guadalajara, Se ubicó frente a un cartel que promocionaba una oferta laboral. No pedían experiencia ni conocimiento, sólo pedían a alguien dispuesto a ser el mejor. Dubitativo,se animó y postuló, porque quería un empleo que no le quitara tiempo para descansar, estudiar, lo que sea. Madrugó el día que consignaba el cartel para llegar a la dirección señalada. Se desanimó {cuando vio la larga hilera de personas esperando se abriera|al ver a la gran cantidad de hombres que esperaban bajo los toldos y cortinas del negocio. Eran recién las 9 de la mañana, y el negocio sería abierto a las 10 y media. En ese lapso muchos abandonaron la espera, solo quedaron 4 solicitantes . El local realizó su apertura a las 11. Era un emprendimiento modesto. La secretaria que había abierto el local, informó que los postulantes que debían aguardar la llegada del jefe, y en eso uno más desistió. Finalmente fueron tres los postulantes. Esperó poco más de 30 minutos en la sala de espera, fue el único que quiso seguir esperando. Un aspirante no podía quedarse por motivos familiares, y el otro tenía hora al proctólogo. Aunque tenía abundantes tareas, quiso aguardar para comprobar de qué se trataba el empleo. Ya van casi seis meses desde esa primera vez. . Hace no demasiado tiempo estuvo en el mismo lugar donde realizó su primera instalación. "Las persianas madera son de maravilla", le comentó la empleada al reconocer su rostro.
viernes, 8 de marzo de 2013
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