martes, 19 de marzo de 2013

Moverse de la ciudad y desconectarse

Olvidar el trabajo diario no le vendría mal a nadie, menos a mí. Hace un par de veranos que me escapo de Santiago, y pasando de largo las vacaciones como vendedor o conserje de edificios, podría decirse que desde la básica que no me olvido de la ciudad. Tenía ganas de salir de vacaciones desde que entré a estudiar . Mis amigos venían de vuelta, se recorrieron el sur haciendo dedo, o por otros países, si tenían más dinero. Mientras, yo tenía que juntar peso a peso para los gastos de comienzo de año. Si alguien se acordaba de mí, tenía un fin de semana de piscina en una parcela, pero evadirse un par de noches no hacen diferencia en un cuerpo cansado. Tuve la suerte de encontrar pega de una. Me fui de la casa, decidí compartir departamento con mi niña, y en la sobremesa se repetía la idea de tomarse varios días. La idea era olvidar todo, arrancarse, no importaba dónde. Ella vendió su auto y con dinero de los dos nos fuimos de vacaciones Elegimos siempre viajar dentro de Chile, primero hay que conocer nuestra tierra Quería conocer lugares lejanos, países de lo más orientales, exóticos, raros. Alejandra quería paz, paisajes naturales, rústicos. Como el billete nunca alcanza para lo que uno desea, viajar a Tailandia o Filipinas estaba fuera de todo alcance, ni menos el Louvre o la Muralla China. No importa, la idea era salir de la ciudad, estar dos semanas lejos de todo lo que tenga olor a adelantos modernos y de la tecnología. Sin ruido ni el ajetreo de la ciudad, paisajes bucólicos, lo más rústico posible. {Mi hermano me mencionó que una cuñada tenía una finca en el sur|Un tío me prestó su casa cerca de la selva|Un amigo me convidó a su chalet en el sur.El sector estaba rodeado por mar y cordillera. Estaba, además, cerca de varios lugares turísticos. Alejandra quería estar un par de días y seguir al sur, la cabaña serviría para descansar. Todo quedó listo para fines de junio. El día del viaje manejamos por turnos, unas seis horas cada uno, hasta hacer el recorrido. Sacamos las persianas venecianas y admiramos el paisaje invernal, el primer fin de semana de julio. Es todo tan hermoso, dijo Alejandra al mirar por la ventana. Había harta plata invertida en la casa. En la casa era todo automático y motorizado, las cortinas se abrían a control remoto. Mientras mi polola miraba las habitaciones de la casa, jugué un rato con el control remoto, activando el roller, y al final dejé activadas las persianas verticales para que recién mostraran la luz a las 12 del día. Excelente momento para despertarse los días de descanso

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