Mañana es el día para acabar el trimestre sin entrenar. Hacerme la tonta de los deberes del alumno es una labor que no dio frutos, un pinche dijo que mi estado actual le traía al recuerdo "el flagelo del trabajador en retiro", que se echa y bota a la basura su momento de descanso. Pasé casi un siglo sin vacaciones, combinando estudio y trabajo, deseaba que se dieran las vacaciones. Es ahí cuando cuento con tiempo para hacer mis cosas que postergo por estar atareada, que tengo tipeadas en mi habitación. Confieso que me he estacionado sólo en las buenas intenciones, apenas miré una película corta y menos pasear al perro. Suficiente de flojera, dije, y me abroché las tillas. Después de la caída de agua por casi tres días, al despertar y mover las persianas enrollables, la vista de la cordillera me obligó a salir. Aunque estaba todo mojado y encontré un par de charcos que esquivé con gracia, todo estaba hecho para hacer deporte. La brisa, pese a lo fría, presentaba un sabor, un gusto a agua de pozo. Desde el verano que no corría un largo tan dichosa. Tan contenta me sentía, que la gente me saludaba en la calle, gozaban la mañana al parecer. Incluso un niño me piropeó al pasar. Adoro esos instantes. Ahora estoy muy arrojada, enfocada en vencer. No me queda otra, le tengo que ganar al abatimiento. Juan me puso una labor por la que no queda tiempo, y no me quedan ya días por desperdiciar. Él me dio su venia, no lo defraudaré. Está mi vida en su posición correcta, tengo que guardarme el dolor y el fatigado corazón, y tener las zapatillas para superarse.
martes, 5 de marzo de 2013
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